
Rehabilitar un edificio de viviendas siempre es más sostenible que levantar uno nuevo: se aprovecha la estructura existente y se evita gran parte del gasto de materiales y energía de una obra nueva.
Cuando la rehabilitación incluye aislamiento, carpinterías nuevas e instalaciones renovadas, la energía que se consume en calefacción y refrigeración baja de media alrededor de un 60 %, y con ella la contaminación asociada.
Menos gasto para las familias, más confort en casa y un parque de viviendas preparado para el futuro: por eso entendemos la rehabilitación como una prioridad ambiental y social.


